En el debate actual los científicos sociales del mundo y Latinoamérica acrecientan su interés por resolver una serie de interrogantes que limitan el desarrollo adecuado de las ciencias sociales, por ello que hoy existe de igual forma una preocupación simbólica por definir como abordar los desafíos que implica un reencantamiento de las ciencias sociales, en un momento coyuntural de enorme importancia, donde la necesidad de un amanecer para las ciencias sociales es lo mas propicio y pertinente.
Vivimos en países diversos y globalizados pero sometidos a una complejidad del entendimiento de la realidad, y es que esta realidad no tiene un solo vértice sino que tiene varios vértices y cada uno con cierta legitimidad, a lo que en su momento Niklas Luhman en su teoría de los sistemas llamaría “subsistemas”, y es que toda esta complejidad nos invita a repensar las ciencias sociales a partir de la complejidad de la realidad social, y es que esta complejidad se basa en una serie de principios, que le otorgan la idea de un nuevo sistema complejo al que tenemos que abordar con un conocimiento riguroso; principios como: el proceso dinámico que vive la realidad social con ese binomio que nos asecha cada día mas: cambio – transformación, pero que también nos invita a reconocer que dentro de estos subsistemas o vértices, existen fronteras que le otorgan cierta incertidumbre a la compresión de los problemas o conflictos que se suscitan, y es que estas fronteras están llamadas a generar el caos o el orden u viceversa.
La complejidad de la realidad nos lleva a poder definir la necesidad de un nuevo paradigma en esta sociedad del conocimiento que nos trae consigo un proceso de democratización cognitiva que debe darse pero que ello hoy en día está más bien representado por una brecha cognitiva que se afianza en medio de esta compleja realidad.
El conocimiento hoy en día es un factor importante en el reencantamiento de las ciencias sociales, pero ha sufrido dos rupturas epistemológicas que debemos abordar para llegar a una conclusión válida, y es que hoy en día para superar esta brecha cognitiva debemos tener en cuenta que, por un lado es importante la superación y negación del sentido común, y por otro lado apostar por una universalización del conocimiento y los saberes.
Hoy pienso que para conocer la realidad social es necesario poder integrar los enfoques teóricos dentro de la gama de un nuevo paradigma que nos ayude a poder entender la funcionalidad de la realidad que cambia de manera constante lo que hace que no se igual en todos los ámbitos y como decía la tesis de Descartes: el supuesto de la simplificación, donde lo priorizable era dividir cada una de las dificultades de manera que podamos seleccionar desde la mas simple hasta la mas compleja y buscar su solución, y es que, es necesario dejar de lado el sentido ensayista de las ciencias sociales, para pasar a un conocimiento científico que tenga sustento en la ciencias sociales y sus enfoques teóricos de manera que ello también esté acorde con la realidad y pueda resaltar el requerimiento de una interdisciplinariedad como parte de un proceso idóneo de desarrollo de las ciencias sociales.
Debemos apostar por una forma nueva de conocer que esté pues cimentando sobre las bases de una cientificidad que le otorgue , la necesidad de maximizar la condición de cada uno de los saberes, y es que se vive una intensa crisis del conocimiento que por supuesto nace en eso que muchos autores han llamado la colonialización del conocimiento, es por ello que es interesante poder abordar una descolonialización del conocimiento que preste un reconocimiento de los otros saberes como iguales, sujetos activos, similares y diferentes; que propicie una democratización del conocimiento que nos sitúe en la nueva dinámica de repensar las ciencias sociales, dándole la importancia histórica, la interdisciplinariedad de las teorías que permitan llegar a lo que hoy en día es muy difícil, un consenso cognitivo de eso que en algún momento Kuhn llamara “paradigmas”, y es que es muy sabido que las ciencias sociales desde hace algunos años están repletas de referencias a supuestos paradigmas: el “paradigma funcionalista”, “el paradigma marxista”, “el paradigma sistémico”, etc.
De igual forma se hace evidente que los clásicos nos siempre son los mismos o no hay un reconocimiento hacía ellos, por ejemplo algunos no incluyen a Parsons y otros sí, algunos consideran muy diferencialmente a Durkheim, o dejan fuera a Marx por obvias razones ideológicas. Pero en todo caso hay la necesidad de apelar a la idea de autores clásicos y de dar a estos un lugar no sólo en la historia, sino también en la sistemática de la ciencia social.
Uno de lo factores que cobra gran importancia en el debate actual es el estatuto epistemológico de las ciencias sociales, pero ante ello como en su momento lo dijo Aníbal Quijano tenemos que “Conocer para Transformar”; y todo ello trae consigo la necesidad de un nuevo paradigma que pueda entrelazar por la integración de las diferentes corrientes de manera que se pueda analizar y entender la realidad permitiendo darle al conocimiento una dimensión teórica adecuada que permita darle un sentido teórico – empírico a las investigaciones. Además pienso que ello trae consigo un modelo que debe aplicarse a la integración que planteo como eje fundamental para el conocimiento de la realidad y el reencantamiento de las ciencias sociales. Este debe ser abordado por la investigación básica representada por la dimensión conceptual y por la investigación aplicada que da muestras de lo empírico práctico del conocimiento a través de la investigación, de manera que podamos tener una visión integrada de la realidad social con un sustento teórico práctico.
Por ello es fundamental que las tradiciones de investigación son más que una teoría y que implica no solo cambios y retoques a una versión inicial de esta, sino también se necesita que resurja dentro de todo este proceso un nuevo paradigma que permita conocer la realidad a través de un conocimiento riguroso que sea moralmente válido y políticamente adecuado.
Como científicos sociales solo nos queda apostar por el reencantamiento de las ciencias sociales, que traiga consigo un nuevo orden de reinstitucionalidad en medio de la sociedad del conocimiento que nos pone como grandes desafíos: no separar la teoría de la práctica, democratizar la vida social y la institucionalización de los espacios públicos como sistemas autoregularizados de interacción humana-social, y todo ello nos lleve a un conocimiento científico social globalizado e integrado.